La mayoría de
niños pueden procesar y distinguir
fonemas a los seis años de edad, en menos de 40 milisegundos, pero los niños
con dislexia requieren 10 veces más de tiempo; este hecho es la base de la
terapia actual en el tratamiento de la dislexia; por ejemplo, en una
computadora, por medio de un juego audiovisual en el que fonemas íntimamente
relacionados tales como “pa” y “da”, los cuales son indistinguibles para un
niño disléxico, se pueden ver y escuchar pausadamente tantas veces como sea
necesario hasta que pueda diferenciarlos fácilmente; el tiempo de de
intercalación se reduce gradualmente conforme el niño los va procesando con más
velocidad, hasta llegar a discernir los fonemas a un ritmo normal para
incluirlos en palabras completas, frases y párrafos (Wiesner, 2004).
Ardila, Rosselli y Matute (2005) explican que si la dislexia es
detectada y tratada a tiempo tendrá un relativo buen pronóstico; usualmente se
trata de niños que van más “atrasados” en el aprendizaje de la lectura que sus
compañeros de clase, o que leen a un nivel menor de lo que deberían estar
leyendo de acuerdo a su edad; sin embargo, estos niños pueden aprender a leer,
a escribir y a utilizar el lenguaje lo suficientemente bien, de manera que
puedan cubrir sus expectativas escolares y sociales.
Se debe tomar en cuenta que en ocasiones se puede confundir un diagnóstico
de dislexia, debido a una exigencia mayor en el lenguaje de la lectoescritura
como en el caso de un aprendizaje simultáneo de dos sistemas de escritura y un
inicio más temprano de la enseñanza formal de la misma (Ardila et al, 2005).
Si acompañando a la dislexia se presentan otro tipo de problemas como
irregularidades en el desarrollo cognoscitivo de tipo fonológico,
visoperceptual o de cualquier otro tipo, es necesario abordar esas dificultades
en vez de atender solamente el problema de lectura; en el caso de defectos
visoperceptuales por ejemplo, el reconocimiento de las direcciones espaciales
es fundamental (arriba, abajo, izquierda, derecha), por lo que la dirección de
las letras y la dirección de la escritura es altamente significativa; el niño(a)
disléxico(a) necesita entrenamiento en esas direcciones espaciales, valiéndose
para ello de medios externos, por ejemplo: “la mano izquierda es donde se
coloca el reloj”, y términos espacio-temporales, por ejemplo: “antes y después”;
elementos que son necesarios para lograr una exploración ordenada de las letras,
no solo de las palabras, sino de las palabras de la frase (Ardila et al, 2005).
Una forma de prevenir o tratar la dislexia es por medio del refuerzo en
el reconocimiento fonológico; en otras palabras, trabajar diariamente con
rimas, con la capacidad de escuchar, con la identificación de frases y de
palabras, con el manejo de sílabas y de fonemas, son aspectos que permiten
realizar una intervención preventiva que promueve una mejor capacidad en la identificación
de letras, análisis fonológico y lectura de palabras sueltas (Etchepareborda,
2003).
Referencias Bibliográficas:
Ardila, A., Rosselli, M. y Matute, E. (2005).
Neuropsicología de los trastornos del aprendizaje. México D.F.: Editorial el
Manual Moderno, S.A. de C.V.
Etchepareborda, M. (2003). La intervención en los
trastornos disléxicos: Entrenamiento de la Conciencia Fonológica. Revista de
Neurología, 36(1), S13-S19. Obtenido desde: http://www.lafun.com.ar/PDF/14-tto.pdf
Wiesner, J. (2004). Discapacidad y capacidad
intelectual. En el fulano, el autista, el anciano, el amnésico, el disléxico,
el genio-idiota, el lactante y en el paupérrimo. Madrid, España: Editorial
Kimpress Ltda.